Arkhé Génesis
Antes de entrar en la materia misma de esta serie que he titulado Pensamiento Animado Contemporáneo, me parece interesante compartir los motivos por los cuales surge la necesidad de hacerla. No mencionaré tales razones solo por una cuestión de honestidad intelectual y transparencia ética hacia el lector, sino que constituye también una postura frente a la praxis supuestamente filosófica que se da comúnmente en la actualidad en diversos campos del saber.
Por un lado, en el gesto mismo de revelar mis motivos pongo mi existencia en el escenario y no como lugar de validación sino como cuerpo. Es decir, en un momento donde los textos son producidos por una entidad sin materialidad, como puede ser una IA o el propio sistema de legitimación editorial o académico, yo asumo la autoría en sí misma.
Por otro lado, el lector que está familiarizado con mi hacer textual sabe que cuando escribo ensayos no utilizo el lenguaje buscando representar el objeto sobre el cual me refiero y ni tampoco construyo una narrativa simbólica proyectiva sobre este, sino que lo utilizo para retirar lo que "nubla" permitiendo entonces que el objeto se presente por sí solo. Dicho de otra forma, mi trabajo es lingüístico y de artesanía: voy puliendo palabra por palabra hasta que alguna roza el objeto lo suficiente como para ser utilizada y comunicada.
Eso puede producir una cierta lejanía inicial o extrañamiento ya que esa metodología, a principio, puede sonar ajena al lector promedio, debido a que, no es desde donde se suelen escribir los textos actualmente. Sin embargo, cabe mencionar que esta forma era lo común en la práctica filosófica temprana pero que ha sido abandonada paulatinamente desde inicios del siglo XX. Al lector actual no es que le falte información o comprensión lectora sino costumbre en atravesar un texto mas allá de su interpretación inmediata.
Tal cambio se debe a que, a partir de este momento, la filosofía pierde su cuerpo - alguno incluso podrá decir su "alma", pero eso abriría un debate que no tiene cabida en el contexto de esta serie - y pasa a ocupar un lugar técnico, autorreferencial y de hermenéutica infinita cuyo mecanismo de legitimación es el propio discurso institucionalizado. En otras palabras, en el modelo imperativo presente lo dicho se basa en la citación de la citación y no en la lucidez o en el enfrentamiento con el objeto en sí mismo.
Mayoritariamente, el filósofo contemporáneo ha dejado de ver el mundo para mirar biografías. Su escritura se volvió un campo de legitimación y no de producción de conocimiento o saber. Ese cambio de paradigma tiene implicaciones más que epistémicas, ya que carecemos de hallazgos de síntomas colectivos, que es justamente donde se juega lo contemporáneo, y eso muchas veces es lo que nos imposibilita de dialogar con rigor sobre el presente.
El pensamiento crítico y filosófico, a lo largo de su hacer histórico, no se ha ocupado de administrar lo consagrado sino de detectar el pulso vivo de algo que aún no tenía nombre a través de una inmersión total en su realidad empírica. Eso era un gesto de sospecha impulsado por la valentía y el razonamiento directo con el contexto y no desde la autoridad epistemológica, ya que la tarea del pensador no es reafirmar un canon sino rastrear, desde el rigor lógico y la lucidez teórica, el núcleo donde la experiencia colectiva se está reconfigurando antes mismo que esto reciba la certificación de cultura.
A este proceso de rigor inmersivo en el contexto presente es lo que yo denomino en mi práctica teórica como bucear. Cuando Truffaut escribe sobre Hitchcock detecta una coherencia formal y ética donde otros veían entretenimiento. Lo mismo pasó con la obra Shakespeare o Cervantes. Ha sido necesario que se buceará en esas aguas para realizar tales hallazgos.
Desde este lugar yo, particularmente, encuentro en el Anime el nervio de lo contemporáneo y lo digo en presente, no como categoría eterna. Es decir, lo pongo como nervio de nuestro exacto presente y pasado mañana, así como otras obras, su valor podrá ser cartográfico.
Igualmente quizás sea interesante, aunque internamente no pienso que sea necesario aclarar y lo hago, por si acaso, de que no se trata aquí de elevar el Anime a la categoría de los clásicos literarios o cinematográficos. Es más, eso no es lo importante - y en el caso de que lo sea no es de mi incumbencia hacerlo – sino que atento para el hecho de que, de la misma manera que Hamlet era una obra que dialogaba con su tiempo y podía ser entendida como un el retrato del sujeto moderno y que la Ventana Indiscreta era mucho más que una película sobre un crimen cometido en un vecindario, sino que era el retrato del lugar del espectador, algunas producciones de anime son, a día de hoy, el producto cultural donde se juegan todos los elementos necesarios para dialogar y entender el contexto y la posición del sujeto contemporáneo.
Dicho de otra forma, así como Edipo fue entendido por muchos pensadores como la figura donde se podía encontrar el nervio vivo de su tiempo, yo encuentro en algunas obras actuales del Anime el mismo germen, pero del nuestro. Por esta razón, la serie Pensamiento Animado Contemporáneo articula desde pensamiento estructural un ensayo filosófico no academicista sobre el anime contemporáneo.
Nos volveremos a encontrar en los próximos números de la serie.